4 de mayo de 2026

AÑO NUEVO

 UNA PERSPECTIVA DIFERENTE  / año nuevo

Llega el fin de año y, casi sin darnos cuenta, el camino se detiene un momento. El ruido baja, el corazón recuerda y el alma mira atrás. Es tiempo de reunirnos con los que amamos, de hacer promesas en silencio, de soñar otra vez o, simplemente, de descansar. Algunos esperan con ilusión; otros llegan cansados, sin fuerzas para desear algo nuevo. Aun así, el calendario nos invita a hacer una pausa.

La Palabra nos recuerda en Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Dios gobierna los tiempos. Nada ocurre fuera de su mirada. Hay un momento para sembrar y otro para recoger, un tiempo para llorar y otro para sonreír. Cada etapa tiene sentido cuando se vive en sus manos. 

El fin de año se vuelve entonces un espacio sagrado. Un lugar para examinar el corazón, agradecer lo alcanzado y aprender de lo que no salió como esperábamos. No para juzgarnos, sino para crecer. No para quedarnos en el pasado, sino para prepararnos para lo que viene.

La Biblia habla una y otra vez de nuevos comienzos. Nos recuerda que Dios no se cansa de restaurar. En Cristo, como dice 2 Corintios 5:17, somos hechos nuevos. Lo viejo puede quedar atrás. El camino puede enderezarse. Con Dios, siempre es posible volver a empezar.

El Salmo 51:10 se convierte en oración: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”. Un corazón dispuesto a ser renovado, a soltar cargas, a caminar con esperanza. Porque no se trata solo de cambiar el calendario, sino de permitir que Dios transforme nuestro interior.

También es tiempo de perdonar. De dejar aquello que pesa. El perdón que no olvida sigue atando el alma. Dios nos llama a soltar, a sanar, a descansar. A abrir espacio para nuevos propósitos y una paz más profunda.

Como las estaciones del año, nuestra vida pasa por tiempos distintos. Hay inviernos que duelen, primaveras que renuevan, veranos que fortalecen y otoños que enseñan a soltar. En todos ellos, Dios permanece fiel. Su providencia no se detiene.

Que este cierre de año sea una oportunidad para renovarnos, crecer y descansar en Dios. Que entremos al nuevo tiempo confiados, sabiendo que Aquel que sostiene los tiempos también sostiene nuestra vida.

8 de marzo de 2026

LOS “THERIAN” Y LA BÚSQUEDA DE IDENTIDAD

DESDE UNA PERSPECTIVA DIFERENTE           

 La última “locura” que circula en redes sociales es un fenómeno que ha llamado la atención de muchos: personas que se identifican como therian. Se trata, en su mayoría, de jóvenes que afirman sentir una conexión profunda con un animal y dicen experimentar esa identidad de forma interior, aunque tengan un cuerpo humano.

En realidad, no es algo completamente nuevo. Este movimiento comenzó a tomar forma en la década de los 90, pero hoy se ha amplificado gracias a plataformas como TikTok, Instagram y YouTube. En ellas abundan videos de personas usando máscaras de animales, colas o imitando sus movimientos, muchos de ellos creados o editados con inteligencia artificial.

La viralidad del fenómeno ha generado todo tipo de reacciones: curiosidad, burlas, preocupación e incluso debates. Algunos lo ven como una simple moda pasajera; otros lo interpretan como una forma de rebeldía generacional o como una señal de una crisis de identidad más profunda en la sociedad.

Ante este panorama, muchos usuarios de redes y algunos comunicadores se preguntan si este tipo de conducta podría estar relacionado con un trastorno mental o con una forma de desconexión de la realidad. Otros, en cambio, consideran que se trata más bien de una forma de expresión personal que ha encontrado en internet el espacio perfecto para difundirse.

Si lo pensamos bien no deberíamos estar perplejos porque la CULTURA DE LAS IDENTIDADES ya ha ido bien lejos La visibilidad en las redes sociales ha generado reacciones extremas incluyendo burlas y "pánico moral" los desafíos en el Espacio Públicos la expresión de esta identidad (uso de máscaras y comportamiento animal) ha provocado debates sobre la seguridad y las normas de convivencia en espacios compartidos.

De nuevo surge la pregunta ¿Es pues los therians solo una moda, un nuevo modo de rebeldía generacional o hay mucho de manipulación mediática y conspiraciones planificadas?

Pero más allá de la polémica en internet, este fenómeno refleja algo que la humanidad ha experimentado desde siempre: La búsqueda de identidad.

 

Ahora veamos el fenómeno desde UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

La Palabra de Dios no describe personas disfrazándose de animales como una práctica o tradición aprobada, sin embargo, en la antigüedad muchas tribus y etnias utilizaban máscaras de animales en rituales religiosos, creyendo que podían recibir poder o conexión con el espíritu del animal que representaban.

En la Biblia sí aparecen casos simbólicos o literales relacionados con una condición animal. El ejemplo más conocido es el del rey Nabucodonosor. En Daniel 4:33 se relata que fue expulsado de la sociedad humana y vivió como una bestia del campo, comiendo hierba como los bueyes. Su cuerpo se empapaba con el rocío del cielo y experimentó una degradación física: su cabello creció como plumas de águila y sus uñas se volvieron como garras de aves.

También hay un detalle interesante en el lenguaje bíblico. La palabra que hoy se relaciona con “bestia” proviene del griego therion, que significa “animal salvaje” o “bestia” y de ella proviene el nombre del fenómeno de hoy. La Biblia también usa la imagen de las bestias para representar poderes humanos que se levantan contra Dios y aparece especialmente en el libro de Apocalipsis. Comio en Apocalipsis 13 donde se  describe la bestia que sube del mar y la bestia que surge de la tierra, figuras que representan poderes políticos y religiosos que se oponen a Dios y engañan a las naciones.

Este simbolismo ya aparece antes en las Escrituras. En Daniel 7 los imperios humanos son representados como animales feroces: león, oso, leopardo y una bestia terrible. Esto muestra que cuando los sistemas humanos se apartan de Dios, pierden el carácter que debería reflejar la imagen divina.

 

Desde el primer capítulo del Génesis, las escrituras establecen una verdad fundamental sobre la identidad humana, solo dos géneros : “Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Este principio presenta una clara distinción entre el ser humano y los animales. Mientras que las bestias representan, en muchos pasajes bíblicos, poderes terrenales o fuerzas que se oponen a Dios, el ser humano fue creado con una dignidad única: reflejar la imagen del Creador.

Génesis 1:27 Este versículo enseña que el ser humano no es simplemente otra criatura más dentro de la naturaleza. Fue creado a imagen de Dios, con dignidad, propósito y una identidad única.

A diferencia de los animales, el ser humano posee conciencia moral, capacidad espiritual y una relación especial con su Creador y Dios mismo presenta a la humanidad como el punto culminante de su creación.

Cuando la sociedad pierde de vista esta verdad, surgen muchas formas de confusión sobre quiénes somos realmente. Cuando el ser humano se aleja de Dios, puede llegar a degradar su propia naturaleza.

 

El apóstol Pablo también advierte sobre esto en el Nuevo Testamento.

En Romanos 1:23 escribe: “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.”

El pasaje describe cómo la humanidad, al apartarse de Dios, comienza a reemplazar la verdad por ideas que distorsionan la identidad humana y la creación.

Desde esta perspectiva bíblica, el problema no es solo una moda de internet. Refleja algo más profundo: una cultura que ha perdido la referencia de su Creador y, por lo tanto, también la claridad sobre su identidad.

Sin embargo, la respuesta cristiana no debe ser la burla ni el desprecio hacia quienes experimentan estas confusiones.

Detrás de muchas de estas tendencias hay jóvenes que buscan pertenecer, comprender quiénes son y encontrar un sentido en medio de un mundo que constantemente redefine la verdad de las cosas.

La Biblia ofrece una respuesta llena de Verdad, pero también de Esperanza.

Nuestra identidad no se encuentra en tendencias culturales, ni en sentimientos cambiantes, ni en etiquetas sociales o nuevos géneros inventados por percepción  personal .

Nuestra identidad se encuentra en Dios, quien nos creó con propósito y valor.

El mensaje del evangelio recuerda que cada persona es profundamente amada por Dios y que en Cristo el ser humano puede recuperar plenamente su verdadera identidad.

Porque, al final, la pregunta más importante no es “con qué me identifico”, sino “quién me creó y para qué fui creado”.

Y la Biblia responde con claridad
fuimos creados a imagen de Dios.

 

7 de febrero de 2026

PAN Y CIRCO

 

DESDE UNA PERSPECTIVA DIFERENTE                                                                          

Pan y circo” (Panem et circenses) fue una estrategia de la antigua Roma para mantener al pueblo controlado. Se ofrecía comida para sobrevivir y entretenimiento para distraer, evitando que los ciudadanos pensaran en los problemas políticos y sociales reales. El resultado era una población pasiva, dependiente y fácil de manipular.

Hoy la expresión sigue vigente. Se utiliza para criticar políticas demagógicas que aparentan resolver necesidades básicas mientras desvían la atención con espectáculos, ayudas gratuitas o discursos emocionales. El objetivo no es formar ciudadanos conscientes, sino masas obedientes y desinteresadas en la verdad.

En el país de dónde vengo, el mecanismo fue distinto, pero el efecto similar. Apenas lo necesario para comer, administrado mediante una libreta de abastecimiento, bajo el lema de la igualdad y la justicia revolucionaria acompañado de consignas, propaganda y enemigos externos constantes: “el bloqueo”, “el imperialismo”, “la amenaza extranjera”. Todo servía para justificar la escasez y silenciar la crítica.

Hoy vemos una nueva versión de este fenómeno. Agendas como la diversidad, equidad e inclusión, la identidad de género, el cambio climático o la sostenibilidad ambiental ocupan el centro del discurso público. Muchas de estas ideas se presentan como incuestionables y moralmente superiores, mientras de fondo se erosionan la familia, los valores que sostienen a la sociedad y la responsabilidad individual. A esto se suman los medios, las noticias falsas y los intereses ocultos que moldean la narrativa dominante.

Cada generación recibe su propio pan y circo.

Frente a esto, la Escritura nos recuerda una verdad esencial. Una perspectiva diferente
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
El ser humano no vive únicamente de lo material. Puede sobrevivir con pan, pero solo vive plenamente cuando encuentra sentido, verdad y propósito.

No es casualidad que Jesús nos enseñara a orar diciendo: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, y que también afirmara: “No os preocupéis por el día de mañana… bástele a cada día sus propios problemas” (Mateo 6:34). Dos mil años después, seguimos girando alrededor de los mismos dilemas.

Nos preocupamos en exceso por escenarios futuros que quizás nunca lleguen, o por problemas sociales que no podemos resolver sin antes cambiar al hombre que los provoca. El verdadero cambio no nace de decretos, ideologías o consignas, sino de una transformación del hombre interior, Ninguna agenda puede reparar una sociedad sin cambiar primero al individuo que la compone. Ese cambio comienza al volver a la Palabra de Dios, no manipulada para justificar posturas personales, sino recibida como guía, verdad y fundamento de vida.

Que la Palabra de Dios sea tu camino y tu sustento.
Porque el hombre, al final, es y refleja lo que consume.

25 de enero de 2026

LA VERDAD OCULTA

 UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

 "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres   

Durante décadas, la práctica periodística se sostuvo sobre principios claros orientados a la objetividad y a la exhaustividad informativa. La conocida regla de las cinco preguntas fundamentales ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿dónde? y ¿cuándo?  

Ello constituía la base metodológica para la redacción de noticias, permitiendo al lector formarse un criterio propio a partir de hechos verificables. En los últimos años, sin embargo, se ha vuelto habitual la incorporación del ¿por qué? como eje interpretativo del relato informativo. Este desplazamiento, lejos de enriquecer la comprensión de los hechos, suele introducir juicios de valor que responden más a marcos ideológicos o agendas editoriales que a un análisis estrictamente sustentado en evidencia.

Esta tendencia se ve reforzada por el uso recurrente de expresiones como “presuntamente”, “según fuentes anónimas” o “información no confirmada”. Si bien estos recursos pueden ser legítimos en contextos específicos, su empleo sistemático termina funcionando como un mecanismo de cobertura frente a la ausencia de datos verificables y a la falta de investigación periodística rigurosa. El resultado es una narrativa informativa que diluye la frontera entre el hecho comprobado y la especulación.

A este escenario se suma el impacto estructural de las redes sociales en la producción y circulación de la información. Plataformas como Facebook, YouTube, WhatsApp, Instagram y TikTok concentran miles de millones de usuarios y operan hoy como espacios centrales de consumo informativo. En ellas, la generación de contenidos carece con frecuencia de filtros editoriales, estándares profesionales o mecanismos efectivos de verificación. La figura del comunicador se diluye entre influencers, opinadores y supuestos analistas que interpretan la realidad desde percepciones personales, sin responsabilidad informativa ni rendición de cuentas. Paradójicamente, los propios medios tradicionales recurren a estas plataformas para amplificar su alcance, aun a costa de adoptar sus lógicas de inmediatez y simplificación. Este escenario se vincula estrechamente con el concepto de posverdad, entendido como un contexto en el cual los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias personales.

Aquí entra la frase «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres», empleada con frecuencia por muchos comunicadores como un recurso legitimador del discurso. Lejos de su significado original, la cita proveniente del Evangelio de Juan 8:32 se utiliza para atribuir autoridad moral o veracidad a una postura determinada, sin que ello implique necesariamente un compromiso con la contrastación de fuentes o con la búsqueda honesta de la verdad. La frase «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» se repite con frecuencia para dar autoridad a ciertos discursos, aun cuando se la use lejos de su sentido original. 

En una prespectiva diferente Jesús no habló de una verdad acomodada a intereses, sino de Él mismo y de su mensaje, que liberan al ser humano del pecado, la culpa y la mentira.

Por eso el apóstol Pablo nos exhorta: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21). Esta llamada nos invita a discernir con cuidado todo lo que escuchamos y consumimos, especialmente en los medios, para no dejarnos arrastrar por la confusión, la intolerancia o el engaño.

Finalmente, Filipenses 4:8-9   “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.  lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”

 Me toca a mi aprender a pensar en lo bueno lo justo y honesto y dejar de alimentar mi pensamiento y alma con toda la mentira que circula en los medios, y aprender a discernir

Anhelo que ese Dios de paz esté conmigo y contigo, y que cuidemos nuestra mente y nuestro corazón, alimentándolos con la Verdad que edifica y da vida.

17 de enero de 2026

Salmo 9

“Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.” (Salmo 9:1)

El Salmo 9 es uno de los cánticos más sinceros y profundos de gratitud que encontramos en las Escrituras. Nace de un corazón que ha visto la mano de Dios actuar en medio de la batalla, que ha experimentado liberación, justicia y victoria. No es una alabanza superficial, sino el testimonio de alguien que ha pasado por el conflicto y ha salido adelante porque Jehová peleó por él.

David comienza declarando que alabará a Dios con todo su corazón. No con palabras vacías ni con una gratitud a medias, sino con una entrega completa. Cuando el Señor nos libra, cuando nos sostiene en medio del peligro, la respuesta correcta es una alabanza sincera y pública. Por eso dice: “Contaré todas tus maravillas”. La gratitud verdadera no se queda en silencio; se convierte en testimonio.

A lo largo del salmo, se remarca una verdad que atraviesa toda la Escritura: Jehová es justo. Él no es indiferente al dolor humano ni ciego ante la maldad. Dios defiende al oprimido, levanta al pobre y se convierte en refugio seguro para el que sufre. “Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia”. En los momentos donde todo parece derrumbarse, cuando las fuerzas humanas ya no alcanzan, Dios sigue siendo un amparo firme.

El salmista afirma con seguridad que Dios nunca desampara a los que le buscan. Esta no es una promesa ligera. Buscar a Dios implica confiar en Él, depender de su voluntad y permanecer fiel aun cuando las circunstancias no son favorables. Quien pone su esperanza en el Señor no queda abandonado, aunque atraviese pruebas, luchas o aflicciones. 

El propósito del cántico es claro: cantar alabanzas, publicar las obras de Dios y proclamar su grandeza. Eso es, en esencia, lo que Dios demanda de nosotros. No sacrificios vacíos, sino un corazón agradecido que reconozca lo que Él ha hecho. Si Dios nos libró del mal, si nos defendió de enemigos visibles o invisibles, si nos sacó de la angustia, debemos dar testimonio de ello. Callar las maravillas de Dios es negar su obra en nuestra vida.

El salmo también presenta una advertencia solemne: “Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios”. Hay consecuencias para quienes viven de espaldas al Señor. El juicio es real y el infierno está preparado para aquellos que rechazan la justicia y la verdad de Dios. Esta no es una palabra de condena sin esperanza, sino un llamado urgente al arrepentimiento.

En contraste, para el menesteroso, el afligido y todos los que confiaron en Jehová, está reservado un Reino celestial y eterno. Dios no olvida el clamor del humilde ni pasa por alto las lágrimas del justo. Su recompensa es segura, su promesa es fiel y su Reino no tendrá fin.

El clamor final del salmo es una oración que sigue siendo actual:
“Levántate, oh Jehová; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas las naciones delante de ti. Pon, oh Jehová, temor en ellos; conozcan las naciones que no son sino hombres”.

Es un llamado a que Dios manifieste su soberanía, a que el orgullo humano sea derribado y a que las naciones recuerden que solo Dios es Señor. El ser humano, sin Dios, es frágil, limitado y pasajero. Reconocer esto no es debilidad, es sabiduría.

Que este salmo nos lleve a vivir con gratitud, a testificar sin temor y a confiar plenamente en que Jehová sigue siendo refugio, juez justo y Salvador fiel para todos los que le buscan de corazón. 

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2 de enero de 2026

NUEVOS COMIENZOS

 

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE confiar cuando no lo entendemos

Aún recuerdo el momento en que salí de Cuba. Tenía un nudo en la garganta y muchas preguntas en la cabeza: ¿y ahora qué?, ¿por dónde empiezo?, ¿qué tengo que hacer?, ¿cómo me irá? Los nuevos comienzos rara vez llegan con respuestas claras. Casi siempre vienen acompañados de incertidumbre, miedo y una sensación de estar empezando desde cero.   A veces un nuevo comienzo es una oportunidad; otras, una necesidad después de que algo no salió como esperábamos. Para algunos es ilusión, para otros un último recurso. Pero en todos los casos implica cambio, reto y transformación.

Cada fin de año se parece un poco a eso. El calendario cambia y con él nace la esperanza de que, esta vez sí, las cosas serán diferentes. Nos hacemos promesas, trazamos metas y confiamos en que el simple hecho de comenzar un nuevo año traerá soluciones. Por eso existen tantas tradiciones y rituales: comer las doce uvas a medianoche, usar ropa interior de ciertos colores, guardar lentejas en los bolsillos, poner dinero en el zapato, salir con una maleta o limpiar la casa para dejar atrás lo negativo. Son gestos cargados de deseo, de fe puesta en algo mejor.
Pero con el tiempo he aprendido que el verdadero cambio no depende del país que dejamos atrás ni del año que comienza ni ninguna tradición 
sino de la disposición del corazón. Empezar de nuevo no significa tener todas las respuestas, sino seguir adelante aun cuando las preguntas siguen ahí. Dios nunca nos prometió un camino fácil, pero sí un proceso que nos transforma.

La Biblia nos recuerda:
“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas” (Isaías 43:18).
Este versículo no nos invita a olvidar por completo el pasado, sino a no quedarnos atrapados en él. Es parte de una promesa mayor, donde Dios habla de abrir caminos en el desierto y hacer brotar ríos en lugares secos. Es un llamado a confiar en que Él puede hacer algo nuevo, incluso cuando todo parece estancado.
Comenzar con Dios es distinto. No se trata de presionar un botón de “reinicio”, sino de una transformación interior.                                                                                          Como dice la Escritura:“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
                                                                                                                                         
Esta verdad nos invita a vivir con fe, creyendo que Dios puede tomar situaciones difíciles y darles un propósito. No siempre entendemos el proceso, pero sí podemos confiar en Aquel que lo dirige. Por eso Romanos 8:28 nos da tanta paz: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Esperar el nuevo año de esta manera cambia todo.                                                            Ya no se trata de suerte, rituales o promesas vacías, sino de descansar en la provisión de Dios y en su poder para transformar lo imposible en posible.                                         Ese es el comienzo que realmente vale la pena.

12 de diciembre de 2025

LA VERDADERA NAVIDAD



Llegan las luces de colores y las canciones conocidas de siempre. Los escaparates se llenan de ofertas, las casas se visten con guirnaldas y los muñecos inflables aparecen como señal de que el calendario ha cambiado. Incluso las plantas parecen saberlo: el verde se rinde al rojo y susurra que ha llegado el tiempo.

Pero detrás del brillo y del ruido está la feria del comercio, esa que espera pacientemente todo el año para vaciar bodegas y renovar vitrinas. Se nos invita a creer que ahí está el sentido, que la Navidad se mide en descuentos y bolsas llenas. Y, sin darnos cuenta, lo aceptamos.

No es malo regalar, ni reunirnos alrededor de una mesa, ni compartir risas junto al árbol. Eso también es un lenguaje de amor. Sin embargo, algo más profundo corre el riesgo de perderse si no hacemos una pausa y guardamos silencio.

El mundo ha querido diluir la fecha, suavizar su nombre, llamarla de muchas formas para no nombrarla del todo. Pero la Navidad tiene un centro, y no es un mercado ni una tradición vacía.

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE                                                                                                      La Navidad es Dios acercándose al hombre. Es el Hijo enviado, nacido en humildad, entregado por amor. Es la promesa de vida eterna, de una paz que sostiene, de un gozo que no depende de las circunstancias, de una familia que se extiende más allá de la sangre.

Por eso, detengámonos. Apaguemos por un momento el ruido. Miremos al pesebre y recordemos que, aun en medio de luces y compras, Dios sigue llamándonos por nuestro nombre. Él nos amó primero y, por ese amor, envió a su Hijo Jesucristo para que tengamos vida eterna.

Disfruta esta época con tu familia y tus amigos. Celebra que Jesús nació y anúncialo con hechos y palabras.

“Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se le pondrá por nombre Emanuel, que significa: Dios con nosotros.”
Mateo 1:23

Esa es la verdadera Navidad

29 de noviembre de 2025

SED AGRADECIDOS

 

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

En 1620 un grupo de colonos ingleses conocidos como los peregrinos llegó a Plymouth. Muchos eran separatistas religiosos que viajaron a lo que hoy es Massachusetts buscando libertad para practicar su fe. El invierno fue devastador. Más de la mitad murió por frío, hambre y enfermedades. Todo cambió gracias a una ayuda inesperada de los nativos Wampanoag.

En la primavera de 1621 los nativos, en especial Squanto, que hablaba inglés, enseñaron a los peregrinos a cultivar maíz, pescar y sobrevivir. Ese año lograron una cosecha exitosa. Tras esa primera cosecha, los peregrinos organizaron un banquete para dar gracias e invitaron a los Wampanoag como gesto de amistad. Ese momento es considerado el primer Thanksgiving.

La celebración tardó siglos en convertirse en tradición oficial. Cada colonia o estado escogía su propia fecha. En 1863, en plena Guerra Civil, el presidente Abraham Lincoln estableció el Día de Acción de Gracias como una celebración nacional el último jueves de noviembre. En 1941 el Congreso lo fijó oficialmente en el cuarto jueves del mes.

Thanksgiving nació como un día para agradecer la provisión, reconocer la ayuda mutua y celebrar la comunidad. Hoy sigue siendo un momento de reunión familiar, gratitud, comida compartida y reflexión. No fue una simple tradición cultural. Fue un acto profundo de agradecimiento en medio de la fragilidad humana. Aquellos primeros peregrinos, marcados por la pérdida y el sufrimiento, descubrieron que incluso en sus peores días Dios seguía sembrando provisión. La amistad de los nativos, la cosecha inesperada y la oportunidad de seguir adelante fueron motivos suficientes para detenerse y dar gracias.

 Y no somos tan distintos. También atravesamos inviernos personales, momentos de escasez y luchas silenciosas. Este día nos recuerda que la fidelidad de Dios permanece. La provisión llega por caminos que no imaginamos y siempre hay algo, aunque sea pequeño, por lo que gradecer.

 La Palabra de Dios nos guía a vivir así.

“Dad gracias en todo.” (1 Tesalonicenses 5:18)
“Entren por sus puertas con acción de gracias.” (Salmo 100:4)
“No se inquieten por nada... presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” (Filipenses 4:6-7)           
La gratitud no niega los problemas. Nos recuerda quién tiene el control. Nos acerca a la paz que solo Dios da.

Hay circunstancias que generan ansiedad, pero nuestra mirada no debe quedarse atrapada en ellas. Debe estar en Jesús y en su poder para transformarlas. Podemos llevarle nuestras peticiones con gratitud porque sabemos que hasta aquí Él nos ha ayudado y lo seguirá haciendo. Cuando confiamos en su poder, su paz fluye y nos permite ver la vida desde su perspectiva.

Hoy doy gracias porque Dios me sacó de un régimen opresor y pesado para traerme a un país de libertad y oportunidades. Aquí encontré refugio. Aquí volví a respirar y como me enseñó mi madre, nadie habla mal de esta nación delante de mí, porque aquí encontré refugio.

 Que nuestra gratitud sea una luz para quienes nos rodean. Que cada día nos encuentre con un corazón humilde, consciente y lleno de fe.


20 de noviembre de 2025

CUANDO LA LUZ ESCASEA, CUALQUIER SOMBRA PARECE VERDAD

 

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

Vivimos un tiempo marcado por la pérdida de valores y por una velocidad que no da respiro. En ese ritmo, las redes sociales se han convertido en un carnaval donde cualquier ocurrencia puede volverse viral. Su dinámica premia la exageración, la provocación y el impacto inmediato. Lo de viral les queda justo, porque basta una tontería bien lanzada para que recorra el mundo digital con una eficacia que muchos patógenos reales envidiarían.


Las consecuencias ya están frente a nosotros. Retos peligrosos que ponen en riesgo la vida de los jóvenes, desinformación que confunde, ciberacoso que hiere en silencio y una presión constante por mostrarse perfecto. Todo esto agota, roba la serenidad y golpea la salud mental. La comparación, la dependencia del teléfono y el cansancio emocional ya es parte del día a día.

Muchos jóvenes avanzan sin las herramientas para distinguir entre lo valioso y lo dañino. Falta criterio y falta guía, mientras que sobra presión por seguir lo que el mundo celebra. Los retos virales solo agravan el problema. Algunos llegan a extremos que ponen en juego la vida, como si el futuro dependiera de encajar en una moda que mañana nadie recordará. Y cuántas vidas se han perdido por decisiones tomadas desde la necesidad de aprobación.

A esto se suma algo aún más inquietante: la manipulación digital mediante inteligencia artificial y los deepfakes. Ya no solo se oculta la verdad. Ahora también se fabrica la mentira.

Los padres sienten la carga. Unos ponen límites, otros conversan, y muchos se sienten rebasados por un mundo que cambia más rápido de lo que pueden asumir. No es desinterés, es agotamiento. La tecnología avanza, y las estructuras familiares y sociales no siempre logran seguir el paso. Pero nada de esto significa que el problema sea inevitable. Al contrario, es una llamada de atención. Es tiempo de tomarlo en serio.

Entonces, ¿qué hacemos ante este panorama?                                                                       La respuesta no es nueva. Hay una perspectiva diferente, y está en la Palabra de Dios.

Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. No se trata de escapar del mundo, sino de aprender a pensar de otra manera. Esta renovación permite distinguir lo verdadero de lo pasajero y reconocer que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Aunque a veces cueste, confiar en ella es confiar en un bien mayor.

La transformación empieza por dentro. La Palabra nos ayuda a discernir entre lo eterno y lo temporal, entre lo verdadero y lo engañoso. Su guía siempre apunta al bien, incluso cuando no lo entendemos del todo.

Hoy más que nunca, padres, hijos, educadores, líderes y familias necesitan volver a las enseñanzas bíblicas. No como tradición vacía, sino como fundamento que sostiene. La Biblia no pierde vigencia. Su verdad permanece, aunque el mundo cambie de moda cada cinco minutos.

El salmista lo dijo con claridad: “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). En un tiempo marcado por la confusión, la Palabra sigue siendo la luz que no falla.

Y por eso urge abrir el corazón. Urge volver a Dios. Que su Palabra y su Hijo Jesucristo iluminen nuestra vida, nuestras decisiones y nuestro hogar. No esperemos a que la oscuridad avance más. Hay un camino seguro. Hay esperanza real. Y está al alcance de todos los que hoy deciden dejarse guiar por la luz de Dios.

7 de noviembre de 2025

LA JUSTICIA QUE ENALTECE A UNA NACIÓN

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

La justicia enaltece a una nación,    
pero el pecado deshonra a todos los pueblos.”
— Proverbios 14:34

La justicia es el fundamento invisible que sostiene el destino de los pueblos.
Cuando una nación camina en la verdad y en la rectitud, la bendición la acompaña. Pero cuando el pecado —la corrupción, la mentira, la injusticia— se sienta en el trono, esa nación se degrada desde adentro, y su gloria se convierte en sombra.

No toda justicia es la misma.
Hay una justicia que nace del corazón de Dios, que busca el bien, la verdad y la vida.
Y hay otra que brota de los hombres, moldeada por intereses, ideologías o pasiones del momento.
Una edifica; la otra destruye disfrazada de virtud.

Pienso en esto al observar los cambios recientes en Nueva York, donde el nuevo alcalde electo, Zohran Mamdani, que se define como socialista democrático, ha despertado fervor y temor por igual.
Sus simpatizantes lo ven como un redentor de los desposeídos; sus detractores, como un riesgo para el alma económica y moral de la ciudad.
Para quienes venimos de naciones que ya caminaron ese sendero, el recuerdo es inquietante. Sabemos cómo comienza: con promesas de igualdad y justicia social.
Y sabemos cómo termina: en control, escasez y pérdida de libertad.

En Cuba, esas promesas se convirtieron en cadenas.
Nos ofrecieron educación y salud “gratuitas”, junto con una libreta de racionamiento que garantizaba una “distribución justa”.
Pero bajo ese barniz de equidad se escondía el precio más alto: la libertad.
Hoy, mi país padece la miseria del alma y del cuerpo.
Sin comida, sin agua, sin energía.
Una educación que repite consignas en lugar de formar conciencia.
 Y la supuesta “potencia médica” que se exhibe al mundo no es más que una fachada sobre la miseria real del pueblo.

Por eso contemplo con preocupación el rumbo de esta nación.
Estados Unidos, tierra de promesa, se encuentra ante una encrucijada:
¿seguirá la justicia que enaltece o la que deshonra?

La respuesta no depende solo de los gobiernos, sino del corazón de su gente.
Porque cuando el pueblo teme a Dios y busca hacer lo recto, la nación florece.
Pero cuando el bien y el mal se confunden, cuando la mentira se viste de virtud y el pecado se normaliza, la deshonra no tarda en llegar.

Escucho hablar de transporte gratuito, cuidado infantil universal, viviendas accesibles financiadas por los ricos, y me pregunto:
¿es esto verdadera justicia… o una nueva forma de dependencia?
¿se busca elevar al pueblo o someterlo con regalos?

No toda “justicia” libera.
La justicia de Dios conduce a la libertad;
la justicia de los hombres, cuando se aparta de Él, termina por esclavizar.

Una nación puede aprobar leyes y políticas que parezcan nobles, pero si se separa de los valores eternos —la verdad, la honestidad, la responsabilidad, el respeto a la familia y a la vida—, terminará recogiendo el fruto amargo de su extravío.

Porque la verdadera justicia no nace de un sistema, sino del alma.
Y una nación solo se enaltece cuando sus ciudadanos eligen lo correcto, aun cuando hacerlo cueste.

27 de octubre de 2025

CADA DÍA TRAE SU PROPIO AFÁN

 

Vivimos tiempos agitados cada día amanece con una nueva preocupación, y el miedo parece haberse instalado en la rutina. Hablamos de recesión, de cómo haremos para cubrir las cuentas, de si el dinero alcanzará hasta fin de mes. Encendemos la televisión y ahí están: las guerras, las alertas sanitarias, los rumores de nuevas enfermedades. Todo suena tan lejano y, a la vez, tan cerca.

Cuando se forma otro huracán en el Caribe, los pronósticos anuncian destrucción. Y el cambio climático ya no es una advertencia: es una sombra que avanza. Dicen que las costas de Florida desaparecerán bajo el mar, como si el mapa se desdibujara poco a poco, tragado por el agua.

De tanto en tanto, alguien recuerda lo de siempre: guardar comida no perecedera, agua, baterías, gasolina. Prepararse para lo imprevisible. Pero a veces, esa misma preparación pesa. Es difícil dormir cuando uno siente que el mundo entero podría apagarse de un momento a otro. Ni que decir cuando la enfermedad nos agrede o aun miembro de la familia y es cuando una batalla interminable se declara, seguro medico y costos, visitas a los especialistas y los vaticinios negativos aun de gente cercana que piensan que así ayudan ¿Qué hacer a donde voy, como abordo tal o cual problema y dormir en paz?

Cada día trae su propio afán

Hay una perspectiva que cambió mi manera de vivir, y la aprendí de la Biblia, en palabras del mismo Jesús:

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”
(Mateo 6:34)

Desde entonces decidí hacer de esas palabras una norma en mi vida.
¿Por qué esperar siempre lo peor, si tal vez nunca llegué?

Muchas veces llenamos la mente de preguntas que no podemos responder. Y con esas preguntas llegan la preocupación, el desánimo y hasta el miedo. Lo curioso es que sufrimos por cosas que solo existen en nuestra imaginación. A eso también lo llamo prejuicio: sacar conclusiones sin tener todos los elementos.

Pasa, por ejemplo, cuando no logramos comunicarnos con alguien cercano y no responde el teléfono. Lo primero que pensamos suele ser lo peor. Pero… ¿y si simplemente su celular se quedó sin batería? ¿O bajó el volumen sin darse cuenta? ¿O está ocupado, en una reunión, o en el médico?
No siempre las cosas son tan graves como parecen.

Cada día trae su propio afán, y lo que ha de ser, será.
Cuando recuerdo esto, vuelvo a encontrar paz en las palabras del salmista:

"El día en que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré". Salmo 56:3

No hay mejor terapia, ni mayor consuelo, que la fe en Dios.
Cuando Jesús dijo:

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”
(Mateo 28:20)

nos dejó una promesa poderosa: no estamos solos, nunca.
Él está ahí todos los días, incluso cuando las nubes tapan el sol. Porque, aunque no lo veamos, el sol sigue brillando.

Por eso, cada noche dejo los afanes de mañana para mañana. Y antes de dormir, repito con el salmista:

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”
(Salmos 4:8)

Cada día tiene su propio afán, pero también su propia gracia. Solo necesitamos aprender a confiar.



3 de octubre de 2025

¿EL UNIVERSO CONSPIRA O DIOS GOBIERNA?

Hace poco escuché a un youtuber hablar sobre la llamada “ley de atracción”, esa idea de que el universo nos recompensa según lo que pensamos o sentimos. Suena alentador escuchar frases como: “el universo te deparará lo mejor”.  Pero aquí surge una pregunta clave: ¿es realmente el universo quien mueve los hilos de nuestra vida?

La diferencia es profunda: ver al universo como una fuerza impersonal que premia o castiga, o entenderlo como creación de Dios, diseñada y sostenida por Dios con un propósito.

Según la Biblia, el universo no tiene conciencia ni voluntad. La creación refleja la grandeza de Dios, pero no puede sustituirlo ni otorgar bendiciones. El apóstol Pablo lo dijo sin rodeos:

“Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que, al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1:25).

El error humano de siempre ha sido adorar la creación en lugar de reconocer al Creador.

Las Escrituras enseñan otra verdad más firme: no es la “energía del universo” la que ordena las cosas, sino la soberanía de Dios. Colosenses 1:16 y Romanos 11:36 lo dejan claro: “todo fue creado por medio de Cristo, para Él, y todo subsiste en Él”

 

¿Existe entonces algo parecido a la “ley de atracción”? Eso intentan hacernos creer, pero es una premisa copiada de otra ley, la ley espiritual de la siembra y la cosecha  No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal 6:7)

Lo que sembramos en pensamientos, acciones y actitudes, eso cosechamos. No porque el cosmos lo determine, sino porque Dios estableció ese principio. No es una energía impersonal la que responde, sino un Dios vivo que busca relación con nosotros.

El llamado de Dios es a dirigir nuestra mente hacia lo que le agrada: 

“Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable… en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Cuando enfocamos nuestra vida en esto, no atraemos “vibras” ni “frecuencias”, sino que experimentamos la paz de Dios que guarda nuestro corazón.

Al final, la verdadera prosperidad y bendición no vienen del universo, sino de Jesucristo, quien dio su vida en la cruz. Solo en Él hay perdón, paz, propósito y esperanza. 

21 de septiembre de 2025

DIVERSIDAD, “WOKE” Y LA PERSPECTIVA DE DIOS

 

En Cuba, la diversidad no era un tema de debate académico ni político. Era una realidad vivida. Negros, blancos y mulatos convivían, y aunque se usaban términos que hoy suenan anticuados, no eran ofensivos. La cultura misma era fruto de un mestizaje profundo: África aportó ritmo y espiritualidad; España, lengua y tradiciones; China, sabores; Francia, arquitectura y café; Inglaterra y Estados Unidos, influencias comerciales y deportivas. 

Esa mezcla no fue un proyecto político, fue vida real. Y de ahí nació lo cubano.  

 Hoy se insiste en conceptos como “diversidad” e “inclusión”, definidos como la presencia de distintos grupos y el esfuerzo por integrarlos. Pero la pregunta es inevitable: ¿no existía ya esa inclusión, de manera natural, en la experiencia cotidiana de generaciones pasadas?

El término woke apareció primero como un llamado a estar alerta ante el racismo, pero pronto se expandió a múltiples luchas sociales. Sus críticos denuncian que se ha transformado en una agenda que censura, cancela y pretende imponer una moral única.

Frente a ese debate, la fe ofrece un camino distinto. El mensaje bíblico no depende de modas ideológicas:

“No se amolden a este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente” (Romanos 12:2).                                                                                                                                                                 “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).                                                                                                                                             "Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:11).

En Cristo todos son bienvenidos. No necesitamos una agenda que nos dicte cómo tratar al prójimo. No importa su raza, cultura o forma de percibirse: todos necesitamos de Dios. “Dios no hace acepción de personas” (Romanos 2:11). 

La verdadera inclusión no necesita manuales ni imposiciones. Se vive cuando reconocemos que todos somos iguales ante Dios. Esa es la visión que supera cualquier ideología y que sigue teniendo poder para transformar las relaciones humanas hoy                                                                                                                            Solo desde esa perspectiva se alcanza una igualdad real, buena, agradable y perfecta.


14 de septiembre de 2025

"LOS INFLUENCERS"

En los últimos años, la búsqueda de consejo y dirección en los medios ha crecido con fuerza. Las redes sociales no son solo escaparates de productos y servicios, sino también espacios donde se buscan aprobación, influencia y validación. En este terreno nacen los llamados influencers” personas que, a través de plataformas como Instagram, TikTok o YouTube, crean contenido, generan audiencias y logran influir en decisiones de compra, en tendencias e incluso en el estilo de vida de millones.

Los medios también juegan un papel clave. Según la teoría de la agenda setting, son ellos quienes determinan qué temas se consideran importantes. Lo que aparece en periódicos, televisión o redes sociales moldea nuestra percepción de la realidad: a qué prestamos atención, qué dejamos de lado, qué merece preocupación y qué se ignora. Así funcionan tanto para promocionar productos como para distribuir campañas de concientización social.

Sin embargo, cuando llegan las crisis, ni influencers, ni coaches, ni gurús pueden sostenernos de verdad. En esos momentos descubrimos la fragilidad de esas voces.

Muchos decimos creer en la Biblia, pero nuestras acciones revelan que, en la práctica, dejamos que otras cosas nos influyan más. Frente a esa realidad, la Palabra de Dios nos recuerda una verdad más firme:

“Deja tus pesares en las manos del Señor, y Él te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre” (Salmo 55:22).

Este salmo no promete la desaparición instantánea de los problemas, pero sí asegura la fuerza y el valor para atravesarlos. Nos invita a confiar en que, tras la tormenta, Dios hará brillar el sol otra vez.

La Biblia también nos recuerda:

“Mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

"He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2)

Estos pasajes subrayan la fidelidad de Dios y la urgencia de volvernos a Él ahora, no mañana. Hoy es el tiempo para confiar, para entregar nuestras cargas y para reconocer que solo en Cristo encontramos la guía y el sustento verdadero.

En medio de tanta confusión y necesidad, pongamos nuestra confianza únicamente en Él. Porque Dios es fiel.

8 de septiembre de 2025

 

UNA PERSPECTIVA DIFERENTE

Hoy en día es difícil esperar fidelidad en cualquier ámbito. Vivimos un retrato evidente de su fragilidad. La lealtad se ha convertido en un valor negociable, sometido a la conveniencia del momento. En política, la promesa ya no es un compromiso sino una estrategia; en los negocios, la lealtad dura lo que dura la siguiente oferta; en las relaciones personales, la estabilidad se pone a prueba frente a un sinfín de tentaciones en un entorno saturado de opciones  Incluso en el ámbito religioso, no es raro ver a líderes abandonar comunidades por desacuerdos sin resolver, mostrando que muchas veces pesa más el ego que la convicción.

 La fidelidad, en su esencia, exige carácter. Supone resistir la tentación de abandonar cuando el camino se complica; mantener la palabra incluso si nadie lo reconoce; valorar lo permanente frente a lo inmediato. El problema de fondo es que la sociedad actual ya no percibe la fidelidad como una virtud esencial, sino como un rasgo opcional o incluso incómodo.

La Biblia, sin embargo, ofrece un contraste radical:
“Reconoce, pues, que el SEÑOR tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda su pacto y su misericordia hasta mil generaciones con aquellos que le aman y guardan sus mandamientos” (Deuteronomio 7:9)

Este versículo subraya la fidelidad de Dios como rasgo constitutivo de su carácter porque Él es Dios: Cumple lo que promete y sostiene su pacto a lo largo de generaciones. Frente a la volatilidad humana, aparece un Dios estable, confiable y constante. El texto bíblico no solo describe un atributo divino, también plantea un modelo a imitar.

Ser fiel en el presente equivale a remar contra la corriente. Implica compromiso, coherencia y resistencia en un entorno que premia lo instantáneo y lo desechable. Recuperar la fidelidad como virtud no es un gesto romántico ni una nostalgia del pasado, sino una necesidad ética y espiritual. Solo cuando volvamos a valorar la lealtad —en la política, en los negocios, en las relaciones y en la fe— podremos construir vínculos más sólidos y comunidades más auténticas.

La fidelidad, aunque olvidada, no ha perdido vigencia. Tal vez lo que falta es decisión para vivirla.

 


1 de septiembre de 2025

UNA SOCIEDAD INTOLERANTE

 

 Vivimos en una época donde todo puede encender una discusión: un tuit, un meme, una opinión distinta. Las redes sociales amplifican cada diferencia y la intolerancia se ha vuelto la norma. ¿Estamos realmente ante una “generación de cristal” o en una sociedad completa incapaz de tolerar?

La historia siempre ha estado marcada por conflictos entre grupos sociales. Antes eran siervos contra feudalistas, proletarios contra burgueses. Esas luchas moldearon ideologías y hasta dividieron al mundo en el siglo XX: bloque comunista vs. bloque capitalista.

Hoy el escenario es distinto, pero igual de tenso. La confrontación ya no se limita a economía o política, ahora atraviesa nuestras creencias, valores e identidades. Y hay un factor que lo ha multiplicado todo: las redes sociales.

El odio digital

Internet nos conecta en segundos, sin fronteras ni regulaciones. Lo que debería unirnos, muchas veces nos divide. Allí aparecen:

  • Acoso y difamación: ataques constantes, insultos, desprestigio.
  • Discriminación digital: imágenes manipuladas, exclusiones y burlas.
  • Anonimato: perfiles falsos que liberan lo peor de la gente.
  • Viralización: odio que se propaga en segundos y genera respuestas impulsivas.

 Estas dinámicas dañan de forma especial a los grupos vulnerables y han dado origen a una nueva forma de conflicto: las llamadas “guerras culturales”. Hoy hablamos de diversidad, equidad, inclusión , teoría crítica de la raza  y derechos LGBTQ+. Son temas que enfrentan a conservadores y progresistas en un choque constante de valores y opinión pero que también han polarizado a la sociedad

¿Generación de cristal… o Sociedad de cristal?

Se acuña a los jóvenes de hoy como la llamada “generación de cristal” de ser demasiado sensibles, de ofenderse con facilidad. Pero seamos sinceros: toda la sociedad se ha vuelto intolerante. Hoy cualquiera salta ante la crítica. Todos tenemos la piel más fina de lo que admitimos.

Una salida diferente

En medio de tanta división, vale la pena recordar un consejo y mandamiento antiguo, pero más vigente que nunca; un llamado atemporal de la Biblia:

 “Sean mutuamente tolerantes. Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó” (Colosenses 3:13, RVC)

Ese consejo resume lo que más necesitamos hoy: tolerancia y comprensión. Solo con una perspectiva de respeto y empatía —la que nos enseñó Jesucristo— podremos contrarrestar la intolerancia que domina nuestra sociedad. Y que el amor al prójimo sea nuestra mejor arma

Esa es la perspectiva que necesitamos recuperar para construir una sociedad más sana.