NUEVOS COMIENZOS
UNA PERSPECTIVA DIFERENTE confiar cuando no lo entendemos
Aún recuerdo el momento en que salí de Cuba. Tenía un nudo en la garganta y muchas preguntas en la cabeza: ¿y ahora qué?, ¿por dónde empiezo?, ¿qué tengo que hacer?, ¿cómo me irá? Los nuevos comienzos rara vez llegan con respuestas claras. Casi siempre vienen acompañados de incertidumbre, miedo y una sensación de estar empezando desde cero. A veces un nuevo comienzo es una oportunidad; otras, una necesidad después de que algo no salió como esperábamos. Para algunos es ilusión, para otros un último recurso. Pero en todos los casos implica cambio, reto y transformación.
Cada fin de año se parece un poco a eso. El calendario cambia y con él nace la esperanza de que, esta vez sí, las cosas serán diferentes. Nos hacemos promesas, trazamos metas y confiamos en que el simple hecho de comenzar un nuevo año traerá soluciones. Por eso existen tantas tradiciones y rituales: comer las doce uvas a medianoche, usar ropa interior de ciertos colores, guardar lentejas en los bolsillos, poner dinero en el zapato, salir con una maleta o limpiar la casa para dejar atrás lo negativo. Son gestos cargados de deseo, de fe puesta en algo mejor.
Pero con el tiempo he aprendido que el verdadero cambio no depende del país que dejamos atrás ni del año que comienza ni ninguna tradición sino de la disposición del corazón. Empezar de nuevo no significa tener todas las respuestas, sino seguir adelante aun cuando las preguntas siguen ahí. Dios nunca nos prometió un camino fácil, pero sí un proceso que nos transforma.
La Biblia nos recuerda:
“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas” (Isaías 43:18).
Este versículo no nos invita a olvidar por completo el pasado, sino a no quedarnos atrapados en él. Es parte de una promesa mayor, donde Dios habla de abrir caminos en el desierto y hacer brotar ríos en lugares secos. Es un llamado a confiar en que Él puede hacer algo nuevo, incluso cuando todo parece estancado.
Comenzar con Dios es distinto. No se trata de presionar un botón de “reinicio”, sino de una transformación interior. Como dice la Escritura:“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Esta verdad nos invita a vivir con fe, creyendo que Dios puede tomar situaciones difíciles y darles un propósito. No siempre entendemos el proceso, pero sí podemos confiar en Aquel que lo dirige. Por eso Romanos 8:28 nos da tanta paz: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
Esperar el nuevo año de esta manera cambia todo. Ya no se trata de suerte, rituales o promesas vacías, sino de descansar en la provisión de Dios y en su poder para transformar lo imposible en posible. Ese es el comienzo que realmente vale la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario