La historia siempre ha estado marcada por
conflictos entre grupos sociales. Antes eran siervos contra feudalistas,
proletarios contra burgueses. Esas luchas moldearon ideologías y hasta
dividieron al mundo en el siglo XX: bloque comunista vs. bloque capitalista.
Hoy el escenario es distinto, pero igual de
tenso. La confrontación ya no se limita a economía o política, ahora atraviesa
nuestras creencias, valores e identidades. Y hay un factor que lo ha
multiplicado todo: las redes sociales.
El odio digital
Internet nos conecta en segundos, sin fronteras
ni regulaciones. Lo que debería unirnos, muchas veces nos divide. Allí
aparecen:
- Acoso y
difamación: ataques
constantes, insultos, desprestigio.
- Discriminación
digital: imágenes
manipuladas, exclusiones y burlas.
- Anonimato: perfiles falsos que liberan lo peor de la
gente.
- Viralización: odio que se propaga en segundos y genera
respuestas impulsivas.
¿Generación de cristal… o Sociedad de cristal?
Se acuña a los jóvenes de hoy como la llamada
“generación de cristal” de ser demasiado sensibles, de ofenderse con facilidad.
Pero seamos sinceros: toda la sociedad se ha vuelto intolerante. Hoy
cualquiera salta ante la crítica. Todos tenemos la piel más fina de lo que
admitimos.
Una salida diferente
En medio de tanta división, vale la pena
recordar un consejo y mandamiento antiguo, pero más vigente que nunca; un llamado atemporal
de la Biblia:
Ese consejo resume lo que más necesitamos hoy:
tolerancia y comprensión. Solo con una perspectiva de respeto y empatía —la que
nos enseñó Jesucristo— podremos contrarrestar la intolerancia que domina
nuestra sociedad. Y que el amor al prójimo sea nuestra mejor arma
Esa es la perspectiva que necesitamos recuperar
para construir una sociedad más sana.

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