27 de octubre de 2025

CADA DÍA TRAE SU PROPIO AFÁN

 

Vivimos tiempos agitados cada día amanece con una nueva preocupación, y el miedo parece haberse instalado en la rutina. Hablamos de recesión, de cómo haremos para cubrir las cuentas, de si el dinero alcanzará hasta fin de mes. Encendemos la televisión y ahí están: las guerras, las alertas sanitarias, los rumores de nuevas enfermedades. Todo suena tan lejano y, a la vez, tan cerca.

Cuando se forma otro huracán en el Caribe, los pronósticos anuncian destrucción. Y el cambio climático ya no es una advertencia: es una sombra que avanza. Dicen que las costas de Florida desaparecerán bajo el mar, como si el mapa se desdibujara poco a poco, tragado por el agua.

De tanto en tanto, alguien recuerda lo de siempre: guardar comida no perecedera, agua, baterías, gasolina. Prepararse para lo imprevisible. Pero a veces, esa misma preparación pesa. Es difícil dormir cuando uno siente que el mundo entero podría apagarse de un momento a otro. Ni que decir cuando la enfermedad nos agrede o aun miembro de la familia y es cuando una batalla interminable se declara, seguro medico y costos, visitas a los especialistas y los vaticinios negativos aun de gente cercana que piensan que así ayudan ¿Qué hacer a donde voy, como abordo tal o cual problema y dormir en paz?

Cada día trae su propio afán

Hay una perspectiva que cambió mi manera de vivir, y la aprendí de la Biblia, en palabras del mismo Jesús:

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”
(Mateo 6:34)

Desde entonces decidí hacer de esas palabras una norma en mi vida.
¿Por qué esperar siempre lo peor, si tal vez nunca llegué?

Muchas veces llenamos la mente de preguntas que no podemos responder. Y con esas preguntas llegan la preocupación, el desánimo y hasta el miedo. Lo curioso es que sufrimos por cosas que solo existen en nuestra imaginación. A eso también lo llamo prejuicio: sacar conclusiones sin tener todos los elementos.

Pasa, por ejemplo, cuando no logramos comunicarnos con alguien cercano y no responde el teléfono. Lo primero que pensamos suele ser lo peor. Pero… ¿y si simplemente su celular se quedó sin batería? ¿O bajó el volumen sin darse cuenta? ¿O está ocupado, en una reunión, o en el médico?
No siempre las cosas son tan graves como parecen.

Cada día trae su propio afán, y lo que ha de ser, será.
Cuando recuerdo esto, vuelvo a encontrar paz en las palabras del salmista:

"El día en que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré". Salmo 56:3

No hay mejor terapia, ni mayor consuelo, que la fe en Dios.
Cuando Jesús dijo:

“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”
(Mateo 28:20)

nos dejó una promesa poderosa: no estamos solos, nunca.
Él está ahí todos los días, incluso cuando las nubes tapan el sol. Porque, aunque no lo veamos, el sol sigue brillando.

Por eso, cada noche dejo los afanes de mañana para mañana. Y antes de dormir, repito con el salmista:

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”
(Salmos 4:8)

Cada día tiene su propio afán, pero también su propia gracia. Solo necesitamos aprender a confiar.



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