Vivimos
tiempos agitados cada día amanece con una nueva preocupación, y el miedo parece
haberse instalado en la rutina. Hablamos de recesión, de cómo haremos para
cubrir las cuentas, de si el dinero alcanzará hasta fin de mes. Encendemos la
televisión y ahí están: las guerras, las alertas sanitarias, los rumores de
nuevas enfermedades. Todo suena tan lejano y, a la vez, tan cerca.
Cuando se forma otro huracán en el Caribe, los pronósticos
anuncian destrucción. Y el cambio climático ya no es una advertencia: es una
sombra que avanza. Dicen que las costas de Florida desaparecerán bajo el mar,
como si el mapa se desdibujara poco a poco, tragado por el agua.
De tanto en tanto, alguien recuerda lo de siempre: guardar
comida no perecedera, agua, baterías, gasolina. Prepararse para lo
imprevisible. Pero a veces, esa misma preparación pesa. Es difícil dormir
cuando uno siente que el mundo entero podría apagarse de un momento a otro. Ni
que decir cuando la enfermedad nos agrede o aun miembro de la familia y es
cuando una batalla interminable se declara, seguro medico y costos, visitas a los
especialistas y los vaticinios negativos aun de gente cercana que piensan que así
ayudan ¿Qué hacer a donde voy, como abordo tal o cual problema y dormir en paz?
Cada día trae su propio afán
Hay una perspectiva que cambió mi manera de vivir, y la
aprendí de la Biblia, en palabras del mismo Jesús:
“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día
de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”
(Mateo 6:34)
Desde entonces decidí hacer de esas palabras una norma en mi
vida.
¿Por qué esperar siempre lo peor, si tal vez nunca llegué?
Muchas veces llenamos la mente de preguntas que no podemos
responder. Y con esas preguntas llegan la preocupación, el desánimo y hasta el
miedo. Lo curioso es que sufrimos por cosas que solo existen en nuestra
imaginación. A eso también lo llamo prejuicio: sacar conclusiones sin tener
todos los elementos.
Pasa, por ejemplo, cuando no logramos comunicarnos con
alguien cercano y no responde el teléfono. Lo primero que pensamos suele ser lo
peor. Pero… ¿y si simplemente su celular se quedó sin batería? ¿O bajó el
volumen sin darse cuenta? ¿O está ocupado, en una reunión, o en el médico?
No siempre las cosas son tan graves como parecen.
Cada día trae su propio afán, y lo que ha de ser, será.
Cuando recuerdo esto, vuelvo a encontrar paz en las palabras del salmista:
"El día en que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré
su palabra; en Dios he confiado; no temeré". Salmo 56:3
No hay mejor terapia, ni mayor consuelo, que la fe en Dios.
Cuando Jesús dijo:
“Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del
mundo.”
(Mateo 28:20)
nos dejó una promesa poderosa: no estamos solos, nunca.
Él está ahí todos los días, incluso cuando las nubes tapan el sol. Porque,
aunque no lo veamos, el sol sigue brillando.
“En paz me acostaré, y asimismo dormiré;
Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.”
(Salmos 4:8)
Cada día tiene su propio afán, pero también su propia
gracia. Solo necesitamos aprender a confiar.

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