29 de agosto de 2025

SALMO 8

 

LA GRANDEZA HUMANA Y LA HUELLA DE DIOS

La historia de la humanidad está marcada por grandes hitos: obras monumentales y descubrimientos que cambiaron el rumbo del mundo que transformaron nuestro modo de ver y habitar el mundo. Desde la misteriosa técnica con que se levantaron las pirámides de Egipto hasta el 17 de diciembre de 1903, cuando en Kitty Hawk, Carolina del Norte, Orville Wright voló 37 metros en 12 segundos con el Wright Flyer, inaugurando la era de la aviación.

Solo seis años después, Louis Blériot cruzó en avión el Canal de la Mancha en 37 minutos, demostrando que la aviación no era un experimento aislado, sino un camino abierto hacia lo comercial y lo militar.

Sesenta años después, otro salto histórico estremeció al mundo (Hecho que muchas teorías de conspiración niegan, pero lleno las noticias de todo el mundo): la llegada del hombre a la Luna. La misión Apolo 11 despegó el 16 de julio de 1969 y el 20 de julio Neil Armstrong y Buzz Aldrin caminaron sobre la superficie lunar. Armstrong pronunció su célebre frase: “Este es un pequeño paso para el hombre, un gigantesco salto para la humanidad”. Aquel viaje llevó consigo también palabras más antiguas: el Salmo 8, grabado en una micropelícula junto a mensajes de 73 naciones.

Nada de lo que el ser humano haga lograra superar la grandeza del Creador. Sin embargo, el mismo salmo reconoce nuestra dignidad: “Lo coronaste de gloria y de honra”. Y ahí está el misterio: somos frágiles y, a la vez, capaces de creatividad, ciencia y supervivencia; de inventar la electricidad, el teléfono, los satélites y hasta los poderosos dispositivos móviles que hoy dominan la comunicación.


“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?”

Mirando todo esto, no podemos ser ciegos. Cada avance humano refleja, de algún modo, el amor de Dios al dotarnos de poder  y capacidad para transformar el mundo. En contraste con nuestra pequeñez, Dios nos ha coronado de gloria y honra, dándonos inteligencia y dominio sobre la creación. Ningún avance tecnológico —ni la electricidad, ni la telefonía, ni los satélites o los actuales dispositivos móviles que domina nuestro entorno— puede compararse con la maravilla de nuestra propia biología, nuestra creatividad y resiliencia.

Al contemplar tanto progreso, no deberíamos perder de vista lo esencial: todo lo que somos y hacemos apunta a la grandeza de Dios, que nos dotó de esas capacidades. Como dice el salmista:

“Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra”.


Oir en Spotify 


No hay comentarios:

Publicar un comentario