UNA PERSPECTIVA DIFERENTE Miras a tu alrededor y ves un mundo herido: familias que se desmoronan, hijos que se rebelan, una sociedad que cada vez más llama “bueno” a lo que Dios llama “malo”. Parece que todo se tambalea.
Pero la Biblia nos abre los ojos: no es solo una crisis social o cultural, es
una batalla espiritual.
Efesios 6:12 nos lo recuerda:
“La batalla que libramos no es contra gente de
carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan
las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las
regiones celestes.”
Lo que vivimos no es casualidad. Hay fuerzas que
buscan apartarnos de Dios, debilitar nuestra fe y sembrar confusión.
Una batalla real, pero invisible
La lucha no siempre se ve, pero la sentimos cada
día:
·
En nuestra mente, cuando llegan los pensamientos
de duda, miedo o tentación.
·
En el hogar, cuando la unidad se rompe con
discusiones o rebeldía.
·
En la sociedad, cuando los valores contrarios a
la Palabra de Dios se normalizan y hasta se celebran.
Y algo importante: tu enemigo no es tu familia, ni tu vecino, ni tu jefe.
La Biblia dice que la lucha es espiritual, y solo puede enfrentarse con armas
espirituales.
Dios no te deja solo
El Señor no solo nos advierte de esta batalla,
también nos equipa para vencerla:
·
La
armadura de Dios (Efesios 6:13-17): verdad, justicia, paz, fe,
salvación y Su Palabra como espada.
·
La fe:
confiar en que Dios tiene la última palabra sobre cualquier circunstancia.
·
La
oración: un corazón que se comunica con el Padre y se fortalece en Su
presencia.
·
El amor y
las buenas obras: vencer el mal con el bien (Romanos 12:21).
·
El fruto
del Espíritu: vivir cada día con amor, gozo, paz, paciencia, bondad y
dominio propio.
El verdadero combate
No esperes fuegos artificiales ni gestos dramáticos.
La verdadera batalla se libra en lo pequeño, en lo cotidiano:
·
cuando eliges perdonar,
·
cuando dices “no” a la tentación,
·
cuando decides orar aunque no tengas fuerzas,
·
cuando sigues confiando en Dios a pesar de la
prueba.
Eso es perseverar en la fe. Esa es la
victoria.
¿Cómo venceremos?
·
Pensando
con santidad.
·
Caminando
en el Espíritu.
·
Revestidos
de la armadura de Dios.
·
Orando sin
cesar, confiando en Su poder y no en el nuestro.
Y la Palabra nos recuerda:
“No seas vencido de lo malo; más vence con el
bien el mal.” (Romanos 12:21)

No hay comentarios:
Publicar un comentario