DESDE UNA PERSPECTIVA DIFERENTE
En realidad, no es algo completamente nuevo. Este movimiento comenzó a
tomar forma en la década de los 90, pero hoy se ha amplificado gracias a
plataformas como TikTok, Instagram y YouTube. En ellas abundan videos de
personas usando máscaras de animales, colas o imitando sus movimientos, muchos
de ellos creados o editados con inteligencia artificial.
La viralidad del fenómeno ha generado todo tipo de reacciones:
curiosidad, burlas, preocupación e incluso debates. Algunos lo ven como una
simple moda pasajera; otros lo interpretan como una forma de rebeldía
generacional o como una señal de una crisis de identidad más profunda en la
sociedad.
Ante este panorama, muchos usuarios de redes y algunos comunicadores se
preguntan si este tipo de conducta podría estar relacionado con un trastorno
mental o con una forma de desconexión de la realidad. Otros, en cambio,
consideran que se trata más bien de una forma de expresión personal que ha
encontrado en internet el espacio perfecto para difundirse.
Si lo pensamos bien no deberíamos estar perplejos porque la CULTURA DE
LAS IDENTIDADES ya ha ido bien lejos La visibilidad en las redes sociales ha
generado reacciones extremas incluyendo burlas y "pánico moral" los
desafíos en el Espacio Públicos la expresión de esta identidad (uso de máscaras
y comportamiento animal) ha provocado debates sobre la seguridad y las normas
de convivencia en espacios compartidos.
De nuevo surge la pregunta ¿Es pues los therians solo una moda, un
nuevo modo de rebeldía generacional o hay mucho de manipulación mediática y
conspiraciones planificadas?
Pero más allá de la polémica en internet, este fenómeno refleja algo
que la humanidad ha experimentado desde siempre: La búsqueda de identidad.
Ahora veamos el fenómeno desde UNA PERSPECTIVA DIFERENTE
La Palabra de Dios no describe personas disfrazándose de animales como
una práctica o tradición aprobada, sin embargo, en la antigüedad muchas tribus
y etnias utilizaban máscaras de animales en rituales religiosos, creyendo que
podían recibir poder o conexión con el espíritu del animal que representaban.
En la Biblia sí aparecen casos simbólicos o literales relacionados con
una condición animal. El ejemplo más conocido es el del rey Nabucodonosor. En
Daniel 4:33 se relata que fue expulsado de la sociedad humana y vivió como una
bestia del campo, comiendo hierba como los bueyes. Su cuerpo se empapaba con el
rocío del cielo y experimentó una degradación física: su cabello creció como
plumas de águila y sus uñas se volvieron como garras de aves.
También hay un detalle interesante en el lenguaje bíblico. La palabra
que hoy se relaciona con “bestia” proviene del griego therion, que
significa “animal salvaje” o “bestia” y de ella proviene el nombre del fenómeno
de hoy. La Biblia también usa la imagen de las bestias para representar poderes
humanos que se levantan contra Dios y aparece especialmente en el libro de
Apocalipsis. Comio en Apocalipsis 13 donde se describe la bestia que sube del mar y la
bestia que surge de la tierra, figuras que representan poderes políticos y
religiosos que se oponen a Dios y engañan a las naciones.
Este simbolismo ya aparece antes en las Escrituras. En Daniel 7 los
imperios humanos son representados como animales feroces: león, oso, leopardo y
una bestia terrible. Esto muestra que cuando los sistemas humanos se apartan de
Dios, pierden el carácter que debería reflejar la imagen divina.
Desde el primer capítulo del Génesis, las escrituras establecen una
verdad fundamental sobre la identidad humana, solo dos géneros : “Y creó Dios
al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”
(Génesis 1:27).
Este principio presenta una clara distinción entre el ser humano y los
animales. Mientras que las bestias representan, en muchos pasajes bíblicos,
poderes terrenales o fuerzas que se oponen a Dios, el ser humano fue creado con
una dignidad única: reflejar la imagen del Creador.
Génesis 1:27 Este versículo enseña que el ser humano no es simplemente
otra criatura más dentro de la naturaleza. Fue creado a imagen de Dios,
con dignidad, propósito y una identidad única.
A diferencia de los animales, el ser humano posee conciencia moral,
capacidad espiritual y una relación especial con su Creador y Dios mismo
presenta a la humanidad como el punto culminante de su creación.
Cuando la sociedad pierde de vista esta verdad, surgen muchas formas de
confusión sobre quiénes somos realmente. Cuando el ser humano se aleja de Dios,
puede llegar a degradar su propia naturaleza.
El apóstol Pablo también advierte sobre esto en el Nuevo Testamento.
En Romanos 1:23 escribe: “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible
en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de
reptiles.”
El pasaje describe cómo la humanidad, al apartarse de Dios, comienza a reemplazar
la verdad por ideas que distorsionan la identidad humana y la creación.
Desde esta perspectiva bíblica, el problema no es solo una moda de
internet. Refleja algo más profundo: una cultura que ha perdido la
referencia de su Creador y, por lo tanto, también la claridad sobre su
identidad.
Sin embargo, la respuesta cristiana no debe ser la burla ni el
desprecio hacia quienes experimentan estas confusiones.
Detrás de muchas de estas tendencias hay jóvenes que buscan pertenecer,
comprender quiénes son y encontrar un sentido en medio de un mundo que
constantemente redefine la verdad de las cosas.
La Biblia ofrece una respuesta llena de Verdad, pero también de Esperanza.
Nuestra identidad no se encuentra en tendencias culturales, ni en
sentimientos cambiantes, ni en etiquetas sociales o nuevos géneros inventados
por percepción personal .
Nuestra identidad se encuentra en Dios, quien nos creó con propósito
y valor.
El mensaje del evangelio recuerda que cada persona es profundamente
amada por Dios y que en Cristo el ser humano puede recuperar plenamente su
verdadera identidad.
Porque, al final, la pregunta más importante no es “con qué me
identifico”, sino “quién me creó y para qué fui creado”.
Y la Biblia responde con claridad
fuimos creados a imagen de Dios.
