LA VERDAD EN TIEMPOS DE CONFUSION
Vivimos en una era en la que ver no siempre
significa entender. Veamos que dice 2 Corintios 4:18:
“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino
las que no se ven;
pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Hoy, la realidad política, social y espiritual
está nublada. Las fake news se multiplican, las redes sociales amplifican
cualquier voz —con o sin verdad—, y el ruido digital reemplaza al pensamiento
profundo. Cualquiera puede opinar, aparentar ser experto, y distorsionar la
percepción de los demás.
Entonces, ¿en quién confiar? ¿Cómo saber qué es verdad?
Hace falta algo más que información. Se necesita discernimiento.
Una curiosidad rebelde que no se conforme con lo superficial. Una voluntad
firme de buscar lo invisible Como
dice Marcos 4:22:
“No hay nada oculto que no haya de ser
manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz.”
Y eso es exactamente lo que todos queremos ver
hoy: estructuras que caen, mentiras que se exponen, sistemas que se tambalean.
Pero incluso en medio de esta exposición, haría falta una perspectiva
diferente.
Solo con los ojos del Espíritu podemos separar lo verdadero de lo falso.
Y la Biblia nos dio las herramientas para
hacerlo:
- Colosenses 2:8 nos advierte:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas…”
Hoy abundan esas “sutilezas vacías”: ideas sofisticadas que suenan bien, que están
de moda, pero no sostienen nada. Solo
sirven para confundir y alejar de la verdad.
- 1 corintios 15:33 lo deja claro:
“No erréis; las malas conversaciones corrompen las
buenas costumbres.”
Lo viral no siempre es lo verdadero. Muchas veces, lo popular es simplemente
una estrategia para normalizar la mentira.
Cuando la Biblia dice “no se dejen engañar”, no es
una sugerencia. Es un llamado urgente a estar despiertos, a usar el
discernimiento espiritual, a buscar la verdad con intención. No como
reacción al caos, sino como forma de vida.
Y todo esto nos trae a una promesa central, clara y liberadora:
“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará
libres.” (Juan 8:32)
No es cualquier verdad. No es la más conveniente,
ni la más compartida, ni la más viral. Es la verdad eterna de Dios. Esa
es la única que puede liberarnos del engaño que domina tantas mentes y
corazones hoy.

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