Yo crecí en una época diferente. Los Baby Boomers fuimos educados con valores morales como cimiento. La familia era el pilar de toda nación, y las diferencias de género no eran un tema de debate: varón y hembra, tal como Dios lo creó. Se respetaba a los mayores, al sexo opuesto, a las autoridades y a las leyes. Se honraba a los padres, agradecidos por su esfuerzo y cuidado. No pretendíamos ser lo que no éramos, pero sí aspirábamos a mejorar: física, económica y mentalmente.
Se llama Baby Boomers a los nacidos entre 1946 y
1964, en el auge de natalidad tras la Segunda Guerra Mundial. Esta generación
dejó huella en lo social, lo económico y lo cultural. Teníamos objetivos
claros: salir adelante y dejar un legado.
Hoy es distinto.
La Generación X (1965-1980)
vivió el gran salto tecnológico: internet, lo digital, la automatización.
Los Millennials (1981-1996)
crecieron con la globalización y la tecnología en la mano.
La Generación Z (1997-2012)
nació digital, preocupada por la sostenibilidad y las luchas sociales, incapaz
de imaginar la vida sin un smartphone.
Con cada cambio, surgieron nuevas metas:
independencia económica, un sueldo mejor, un coche, la moda más reciente, la
computadora más potente, el celular más caro… pero menos compromiso menos
disciplina más criticismo Llegó la era de las redes sociales: aparentar, “ser”
para la pantalla, destacar a cualquier costo, crear contenido sin conocimiento
profundo.
Y después vino lo que llaman Generación de Cristal: una extension de la generacion Z; jóvenes nacidos
desde mediados de los 2000, percibidos como más sensibles, menos tolerantes a
la frustración y más expuestos a la ansiedad, sobreprotegidos por los padres, con
la necesidad de compararse constantemente, viviendo con la urgencia de la
inmediatez y la presión de las redes. Disienten de todo, protestan por todo no
están de acuerdo con nada
¿Cuál tesoro persiguen estas generaciones, donde
ponen su corazón y mente? En el libro de Mateo capítulo 6 verso 21 leemos: "Pues
donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" Se trata sobre
la importancia de priorizar los tesoros espirituales sobre los materiales, ya
que donde se encuentra el enfoque de una persona, allí también se encuentra su
corazón, es decir, sus deseos y prioridades. La cita completa dice:
"No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen,
y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la
polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde
esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón".
No importa a qué generación pertenezcamos,
necesitamos recuperar la libertad interior, la estabilidad y la decisión de
perseguir lo que verdaderamente vale: lo que trasciende y permanece. Que
nuestro tesoro esté en el cielo, donde nada ni nadie podrá arrebatárnoslo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario